lunes, 26 de octubre de 2009

ZP


Hace unos días en Telefe Noticias presentaban un nuevo modelo de iPod, de menor tamaño que la edición anterior y con alguna que otra función que los diferenciaba. Con esto me acordé de la visita a Capital Federal que hice hace unas semanas, en la que usamos por primera vez la última adquisición tecnológica de la familia: un GPS.
Muy útil el aparatejo, sobre todo si cuesta ubicarse en Capital, tenía una voz que nos decía hacia qué dirección girar y cuántos km teníamos que recorrer por cada calle -siempre tomando vías rápidas. Así de fácil y divertido fue todo, hasta que llegamos a la dirección exacta que escribimos en la novedosa pantalla táctil de nuestro nuevo GPS.

Ya volviendo para La Plata, creía haber terminado de sacar mis conclusiones sobre la utilidad del aparatejo cuando justo después del peaje de Hudson la vocecita del GPS volvió a hablar. Pero esta vez fue para avisar que debíamos permanecer alertas porque nos acercábamos a una 'Zona Peligrosa'. Miré hacia la derecha y terminé de entender la situación: la autopista que une las dos capitales pasa por al lado de una villa.

Lo que desconozco es si ese tipo de advertencias suenan cada vez que el usuario se acerca a una villa, es decir, si toda villa es definida por el aparato como una zona peligrosa. Por más que esto no fuera así, con que suceda sólo una vez resulta suficiente para llevar la situación a otro nivel. ¿Qué clase de sujeto pudo haber programado al GPS para que tenga la función de prevenir al usuario sobre la cercanía de una villa? ¿No nos recuerda esto al mapa del delito con el que los dirigentes políticos buscan seducir a aquellos sectores que sólo piensan en materia de inseguridad?
Aunque cuestiones como las anteriores fuesen de poca importancia, el hecho de haber estado arriba del auto en el momento de la voz de alerta me hizo imaginar a algún pibe de esa villa, un pibe cualquiera, que esa misma tarde caminaba por entre la precariedad de aquellas casas. Seguramente el chico de mi imaginación no estaba ni enterado de que, allá en la autopista, un aparatito le estaba diciendo a dos personas que tengan cuidado porque el lugar donde él vive es peligroso. O tal vez fuese posible que alguna vez lo haya sospechado al ver un informativo y enterarse de las funciones de eso que el periodista llamaba GPS, eso que -al igual que el iPod que vi en Telefe Noticias- él jamás podría comprarse pero de todas formas tendría que ver en el informativo.

Nadie puede negar que sea aceptable que tales advertencias de inseguridad busquen preservar la integridad de quienes tienen el privilegio de acceder a las nuevas tecnologías. Pero lo que sí resulta imposible de aprobar es el hecho de que estas innovaciones contribuyen a generar concepciones parcializadas de la realidad.
Me animaría a invitar a la industria tecnológica a ampliar esa función del GPS. De no ser así, los sujetos que usaran sus productos seguirían sin enterarse del abandono, de la explotación, de la discriminación, de la violencia y de todo aquello que las familias de una villa como la de la autopista tienen que padecer.

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